28 junio 2010

Interpretaciones de cine: Richard Widmark, Jean Peters y Thelma Ritter (Manos peligrosas). Gente imperfecta en una película perfecta





En los títulos de crédito de la rotunda obra maestra de Samuel Fuller, Manos peligrosas, podemos observar los tres nombres que inundaran la pantalla durante los apenas ochenta minutos que dura el film. Richard Widmark, Jean Peters y Thelma Ritter. Si Manos peligrosas ha pasado a la historia como una joya del cine negro por la dirección de Fuller su porcentaje de recompensa deberían tenerla estos tres actores que transmiten perfectamente los claroscuros de unos personajes marcados por los bajos fondos.

Un carterista que se juega ir a la cárcel para toda la vida (Widmark), una mujer sin oficio ni beneficio que vive de favores a los demás (Peters) y una confidente que se gana la vida vendiendo información para poder ganar su funeral (Ritter) son los protagonistas de la historia. Y no hay más. Porque tanto los policías como los comunistas son meros comparsas e instrumentos necesarios para hacer avanzar la historia. Los “héroes” de Manos peligrosas son gente que, por circunstancias, ha tenido que vivir en el subsuelo de la suciedad, sobreviviendo en un entorno hostil mientras intentan ejercer el menor daño posible. Por eso nadie puede exigirles que hagan “esfuerzos patrióticos” (por el film que es el macguffin de la película) ya que nadie nunca hizo nada por ellos. Widmark, Peters yRitter ponen corazón, cabeza y rostro humanizando a personajes que son demonizados por una clase alta que sólo acepta los delitos que ellos cometen. Delitos de traje y corbata, a veces, los más repugnantes de todos. Estos personajes te llegan a hacer entender que quizá es mejor confiar en alquien que te puede robar la cartera que en otro que te robará todo el dinero desde la mesa de un despacho.






Widmark nació con el rostro de quien ha vivido mucho en poco tiempo. Por eso a su carterista Skip McCoy sólo se le necesita mirarle los ojos para comprender porque se dedica a robar carteras siempre dentro de su propio código de honor (“Nunca he llevado un arma”, dice). Peters parece que tiene el personaje más complicada. Una mujer poderosamente atractiva que simplemente “hace lo que le dicen” hasta que decide hacer lo que a ella le parece correcto con fatales consecuencias. Igual que Ritter, actriz que se dedicó a robar escenas a las estrellas principales allá donde fuera (La ventana indiscreta, Confidencias a medianoche...) . Vende información de sus “colegas” delincuentes a la policía o (a quien pueda pagar por ella) sabiendo que ellos se lo perdonaran (“sólo se enfadaría si le vendiera barato”, dice Ritter) Su muerte buscando el descanso definitivo pasará a la historia del cine. Los tres son personajes con defectos que han sobrevivido como han podido pero con una característica: el honor. Cuando llega el momento deciden imponer un código personal e intransferible para protegerse entre ellos. No por hacer el bien sino porque saben que entre personajes desclasados sólo cabe unirse ya que nadie va a ayudarles. El honor que no tiene que ver ni con las banderas ni con los himnos sino con las personas que demuestran su verdadera valía en los momentos más duros. Y para mostrar a estos personajes que mezclan el delito, la dureza,, la valentía y, lo repito, el honor, Sam Fuller no pudo encontrar a tres actores mejores que Richard Widmark, Jean Peters y Thelma Ritter. La victoria de los desclasados.

19 junio 2010

Belleza natural

- Air Doll - (Hirokazu Koreeda, 2009)





Nadie sabe, Still walking y ahora Air Doll. A lo tonto y sin que nadie se de cuenta Hirokazu Koreeda se está convirtiendo en un todo un referente a nivel mundial. Su nuevo proyecto venía con la dificultad de tener detrás el peso de una película que se ganó el respeto de todo el mundo como Still Walking. No sé si Air Doll recibirá todos los aplausos de esa obra suya pero debería. Porque estamos ante una de las películas más hermosas de esta temporada.

Una muñeca hinchable toma vida (o como dice ella, “encuentra un corazón”) y se dedica a aprender que eso de estar viva. Lo que en otro se hubiera convertido en una comedia barata o en un drama sinsentido, Koreeda lo transforma en poesía andante y viviente. Pero poesía de la buena, de la verdad. Con un trasfondo duro y real (la película tiene un final tan hermoso como poco complaciente) a pesar de tratarse de una película surrealista. Los personajes con los que se encuentra Nozomia (sobresaliente Doona Bae) se encuentran tan solos y perdidos como lo está ella. Buscando respuestas sobre la vida sólo puede encontrar más interrogantes ya que tener un corazón no significa encontrar respuestas. A través de unas imágenes pausadas, valientes y hermosas, Koreeda, retrata un Japón contemporáneo pero como si estuviera sacado de otro planeta. Eso refuerza la idea de estar viviendo un especie de fabula moderna mientras visionamos Air Doll. La película de Koreeda nos exige abrir bien los ojos, los sentidos y el corazón para poder viajar junto con esa muñeca hinchable (la Air Doll del título) por la búsqueda del corazón humano. Que, como Koreeda, muchos tienen pero no saben utilizarlo del todo. Aunque Air Doll esté protagonizada por una muñeca hinchable tiene más humanidad que muchos películas que podemos ver en la cartelera. Gracias a un ser con una mirada especial y de sensibilidad extrema como Hirokazu Koreeda.

Lo mejor: la serena belleza de sus imágenes

Lo peor: quizá le sobra algún minuto

. Llenándose de vida (Carles Rull, Cinempatía)

"Y es realmente estupenda la interpretación de su protagonista, la coreana Doona Bae, aplicando a sus movimientos una coordinación mecánica, torpe, artificial. Destilando inocencia y a la vez exhibiendo sin pudor su cándida sensualidad."

. Látex existencialista (Óscar Martínez, E . Cartelera)

"Air Doll, por ello, sobretodo en su primera mitad, posee la fuerza habitual de los anteriores trabajos de su director, atrapando a un espectador que queda literalmente absorbido por la irreprochable conjunción de elementos narrativos, visuales y sonoros"

. Respiración y sentimiento (Jordi Costa, El País)

"El tono conquistado por el japonés es la virtud más aparente de un trabajo que atesora no pocos logros y que muchos espectadores, incluso algunos fieles seguidores del cineasta, han recibido con el inmerecido arqueo de ceja de quien no perdona este aparente desvío excéntrico del territorio clásico, vertiente Ozu, de una obra maestra tan rotunda como fue Still Walking"

13 junio 2010

Series de cine: Perdidos. El último (y brillante) truco de feria



Mis verdades sobre Perdidos. Desde que hace años la encontré de casualidad un domingo por la tarde en TVE no me he perdido ni un capítulo. Y mi agradecimiento será eterno porque a pesar de los bandazos que daba jamás me he aburrido viéndola. Sabía que esos cuarenta y algo minutos que duraba cada capítulo me lo iba a pasar bien. Y jamás me han interesado ni osos polares, ni números extraños, ni teorías surrealistas... Y, precisamente por eso, pienso que ha disfrutado Perdidos. Nos encontramos con un prodigio de cómo utilizar la técnica a favor de una narración. Y no tiene nada que ver su holgado presupuesto sino cómo utilizarlo a favor de la serie. Su ambientación, fotografía, montaje, la asombrosa música de Michael Giacchino... todo está predestinado para montar un inteligente espectáculo con un objetivo muy difícil. Entretener. Este año una serie intentó hacer algo parecido. Se llamaba FlashForward y salió una auténtica cutrez. Ese es el gran triunfo de Perdidos y aunque J.J.Abrams dejará la serie pronto su sello permaneció en todas las temporadas (sólo hay que echarle un vistazo a Star Trek y luego a la serie para ver las coincidencias)

Pero apareció un bendito problema para la serie. De repente legiones de nuevos fans se fueron enganchando a ella. ¡Y se la tomaron en serio! En vez de disfrutar de las piruetas visuales o dejarse manipular por un argumento delirante, nuevos fans creyeron que resolviendo las preguntas (obviamente sin respuesta) su vida cobraría un nuevo sentido, que les diría como pagar la hipoteca o les revelaría la fórmula secreta de la Coca Cola (portada en Rockdelux incluida) . Era obvio que esas preguntas y dudas eran cebos para engañar y manipular al personal. Y hubo gente que se los tomó como algo personal en vez de, simplemente, disfrutar. Porque ese estupendo final (quitándole el tono cristiano) es completamente coherente con los que simplemente vimos y una aventura de personajes en Perdidos y todo lo que se ha montado con él (retransmisiones a la seis de la mañana, subtítulos que no iban...) me ha abrumado y, debo reconocer, que me ha resultado incomprensible (respetando mucho a la gente que lo a vivido así, entre los que hay muchos amigos)

Losties que estéis leyendo esto taparos los ojos por lo que vais a leer. Perdidos no es un clásico. Un clásico debe ir un poco más allá y sentirte un afortunado al saber que lo que ves es único y te va a cambiar la vida aunque sea un poquito. Perdidos se ha dedicado a otra cosa que, a veces, es más difícil. En montar un buen espectáculo donde el espectador se sumergiera en una historia incomprensible pero con una gran capacidad de fascinación. Como he dicho los méritos son incontables, la creación de dos fascinantes y grandes personajes (John Locke y Benjamin Linus) por encima de los demás, su perfecto y cuidado trato de todo lo que se hacía sin bajar nunca la guardia (en cuanto a gran show me refiero) y su gran capacidad de fidelización y empatía con el seguidor (algo que se echa en falta en otras series). Son los puntos positivos de un sano espectáculo, manipulador, mentiroso pero siempre divertido y entretenido. ¿Qué ha sido Perdidos? Una serie de aventuras donde un avión tiene un accidente y los pasajeros supervivientes acaban en una isla donde suceden cosas extrañas. Ni más...ni menos

PD. De Perdidos se recordarán muchas cosas pero una de ellas será el final de su (excelente) primera temporada. Uno de los mejores de la historia. Ese plano final con Jack Shepard (Matthew Fox) y John Locke (Terry O’Quinn) será recordado para siempre.

05 junio 2010

Rabia poco contenida

- Rabia - (Sebastián Cordero, 2009)





Rabia cuenta con muchísimos puntos de interés. El argumento que, aunque no exactamente original, sí que es realmente atractivo, un reparto repleto de buenos o excelentes actores y un realizador al que se le nota que sabe lo que hace. O mejor dicho que intuimos lo que quiere hacer. Rabia es una película que pretende ser angustiante y claustrofóbica y, en parte, Cordero lo logra. Porque Rabia es una película realmente incómoda pero quizá esa incomodidad no era lo que buscaba Sebastián Cordero. El principal defecto de la película es que está escrita con demasiados subrayados y un exceso de trazo grueso. El guión no es ágil y las escenas discurren de forma pesada. Cordero confunde, a veces, ser claustrofóbico y provocar tensión en la gente que mira la película con provocar incomodidad. Un estado que hace que, en alguna ocasión del metraje, pierdas interés en Rabia.

El guión es poco sutil y cuando pretende serlo es incompleto. Ahí el excelente reparto se lleva gran parte del mérito. Concha Velasco está brillante y por encima de un personaje, a veces, un poco acartonado. Martina García, Gustavo Sánchez Parra y Àlex Brendhemül cumplen con talento la labor de defensa de los personajes. Con otros personajes la película hubiera estado en peligro. Eso sí el talento de Cordero está fuera de duda. En muchas ocasiones su forma de tratar el cautiverio del protagonista en contraposición de la vida en la casa es brillante. Momentos como la vida del personaje de Sánchez Parra para sobrevivir a la fumigación está tratado con muco talento. Otra cosa son los subrayados antes mencionados. La metáfora de la situación del inmigrante en España, los superficiales intentos de narrar la vida de esa familia de clase alta y sus traumas y algún personaje prescindible (¿Fernando Tielve era necesario?) Muchos subrayados en una película que sólo requería un ejercicio de estilo. Realizado por un director al que se le nota talento como Sebastián Cordero.

Lo mejor: Concha Velasco y algunos momentos con una atmósfera opresiva bien conseguida

Lo peor: algunos momentos de trazo grueso

. El fantasma del caserón (Julio R. Chico, La mirada de Úlises)

"Aunque la trama romántica es asfixiada por el trabajo de ambientación, funciona como drama de un amor entre inmigrantes que vienen a ser polos opuestos ante la discriminación, él agresivo y lleno de rabia, ella delicada y paciente"

. Historia de fantasmas de carne y hueso (Julio Vallejo, Pasión por el cine)

"Sebastián Cordero consigue en todo momento ganarse la atención del espectador, gracias a la captación del ambiente enrarecido y una excelente dirección de actores"

. Rabia, el decorat abans que els personatges
(Quim Casas, El Periódico)

"És un film de plantejament interessant que s’estira més del que convindria anul·lant, precisament, allò que més prometia, un clima asfixiant conformat per una sèrie de personatges que es mouen en els diferents nivells de l’enorme casa, una construcció gairebé anacrònica en el paisatge urbà dels nostres dies"

29 mayo 2010

Agradecimientos y despedidas de la temporada 2009 / 10



Perdidos me gusta. Me parece técnicamente un prodigio además la he visto desde sus comienzos en TVE, que no me he perdido ni un capítulo pero sin compartir la pasión ultra que circula por radios, redes y otros círculos. Por una cuestión que me ha puesto nervioso siempre. Se lleva hablando del final de Perdidos desde la tercera temporada dándole poca (o ninguna) importancia a lo que pasaba por la mitad del trayecto. Y esto me recuerda a que lo importante es el camino no la llegada. Pues el final de la serie norteamericana me evoca al final de Vivir Rodando. El programa ha ido caminando con los pasos de quien sabe que su vida puede estar llegando a su fin (aunque parece que no será asi) . Una tercera temporada llena de clásicos y novedades que con el tiempo serán clásicos.

Begoña Ivars nos llevó a un mundo lleno de intrigas y sospechas. Al mundo de Alfred Hitchcock. Después de ese programa podremos desentrañar toda la complejidad de la obra del maestro británico.

Daniel Diaz y Elizabeth Aribau son unos suicidas...unos suicidas maravillosos. A estas alturas de la película quisieron crear una revista / agenda (en digital y en papel) sobre la vida cultural en Alicante. La aventura se llama La Kuriosa y la cosa pinta muy bien. Un trabajo sólo para románticos que saben saltar sin red. Para los mejores.

No puedo negar que Jordi Costa es una debilidad. Me encantaba cuando empezaba a leerle en fotogramas y veía como le ponía la máxima nota a películas denostadas por la critica. Y luego descubrí la inteligencia, humor y el doble sentido que tenían sus textos. Por eso tenerle hablando sobre su cómic (realizado junto a Dario Adanti) Mis problemas con Amenábar con su habitual inteligencia fue algo realmente especial.

Eduard Aguilar utiliza la inteligencia y talento en su programa Tinta Sonora. Vivir Rodando la “robó” para hablar de Joseph L. Mankiewicz. Nadie mejor que él para hablar de uno de los mayores genios literarios / cinematográficos de la historia del cine. Pero lo mejor de Eduard es que bajo su paciencia de gran lector intelectual se esconde una de las personas más divertidas y vitalistas que he conocido en mi vida. Todo el mundo necesitaría un Eduard Aguilar en su vida para alejar nubarrones futuros. Una de las grandes revelaciones.

A José Carlos Lledó y Patricio Vidal también se les puede etiquetar de “gran revelación” Con ellos he compartido entre comida y cervezas conversaciones (fuera de micro) sobre temas como Pasolini, The Velvet Underground o Tarantino. Lógico ficharles para Vivir Rodando es más en un tema tan apasionante (y propio de ellos) como La Trilogía del Dólar. Análisis pasional sobre un oeste distinto. Tan distinto y necesario como son José Carlos y Patricio.

Miguel Carvajal debe andar ahora por las aceras neoyorquinas. Podemos pensar que es algo tan norteamericano como los son las películas de John Ford. ¿O no? En realidad son universales. Algo que puedes comprobar si escuchas el programa donde Miguel habla sobre el genial director. Miguel Carvajal nos llevo a imágenes míticas y horizontes lejanos a unos films que nos pertenecen a todos y no sólo a amantes del oeste más clásico. Lo hizo con una mezcla de pasión y rigor periodístico. Como se debería informar en estos tiempos.

Nacho Gonzalo y Antonio Sempere son mis “sospechosos habituales”. Saben que cuando llegue una fecha iré a molestarles para que colaboren en Vivir Rodando. Uno con los Oscars y otro con lo mejor del año. Me aprovechó de su labia ordenada y brillante y su capacidad para el análisis. Y no fallan nunca. Unos clásicos entre los clásicos. Clásicos imprescindibles, claro.

Fernando Miró es un tipo extremo y pasional. Como son los amantes de la creación. Defiende sus posturas como si le fuera la vida con ello. Porque nuestro estimado Miró es como el cine. Lleva dentro toda la pasión que puede tener la vida y el arte. En Vivir Rodando pudo hablar de dos de sus pasiones, el cómic y el cine y como confluyen entre si. Entendimos que son dos artes necesarios para cualquier amante del arte. Y si llegamos a poner una canción de The Velvet Underground en el programa su pasional locura hubiera sido mítica. Otro punto a favor suyo fue que trajo de la mano a un inteligente cubano llamado Pavel Quincoces para hablar de cine negro.

Ángeles Gómez analizó un no-clásico como La iniciación. Con humor, locura y surrealismo. Obvio. Si traes a alguien tan especial a tu programa sólo puedes tener un programa especial. Ella es el fin de la obviedad. Diversión, ternura, locura, radio... Si no existiera sería imprescindible inventarla para que este mundo tuviera algo de sentido.

Como siempre Vivir Rodando ha tenido la compañía de auténticos genios de los cuales aprender. Mención especial merece Y si no, nos enfadamos que finaliza / muere este año. Un abrazo para Ángeles Gómez, Roberto Pascual, Gema Osuna, Mónica García-Abad, Estefanía Carrasco, Lourdes Rocamora, Clotilde Ferrándiz, Lucia Gregorio y Aarón Navarro. Son los mejores y no es una frase hecha. Y si no, nos enfadamos no tiene cabida en ninguna radio. Lo cual me hace pensar que mal está la radio. Y luego está la llamada clase alta: José Carlos Lledó y Patricio Vidal (El bueno, el feo y el malo), Cristóbal Osete (Austramática), Ángel Blasco y Luis Fernández Bonilla (El quinto cuarto), Eduard Aguilar (Tinta Sonora), Antonio Chaves, Fran Martinez, Pablo Alcolea y Diana Navarro (UMH Inside), C.J. Navas, Jorge Navas y Don Carlos Navas (Fuera de Series), Fernando Miró y Rafa Simons (QPH?), Silvia Muñoz, Chuse Congost y Marco Martínez (Premiere), Susi Niñoles, Pablo Peris y Cecilia Scianca (Ilicitanos por el mundo), Virginia Mendoza y Silvia López (Blacksheep), Pablo Poveda (Rompepistas), Ángeles Gómez y Sonia Montins (El turismo es un gran invento), Ximo Matarredona (Mestizaje UMH), Maria Amparo Calabuig y Ferran Perelló (Derribando muros), Gregorio Fernández (Clave de Do en Tercera), Manuel Sánchez (Tú, yo y los microbios)... Un lujo.

Pero el verdadero lujo estaba en el personal de la radio. Encabezado por mis míticos compañeros / amigos Rosana Bas, Unai Álvarez (mi némesis favorito) y Antonio Chaves. Con mención especial para mi querida Marta Saiz que buscará otras aventuras en tierras andaluzas; una persona con una sonrisa constante en su rostro que te hacía la vida un poco mejor. Y por último para la persona que es la Radio UMH. Dicen que nadie es imprescindible. Mentira. Sin Eva Corbalán no hay Radio UMH. Y debería ser como los grandes futbolistas y tener miles de millones en una necesaria cláusula de rescisión. Una gigante.

Pedir perdón a los que no pudieron (por falta de tiempo que no de ganas) entrar esta temporada en Vivir Rodando. Habrá más oportunidades. Seguimos hablando, pensando y viviendo el cine en el blog. Porque la tercera temporada radiofónica de Vivir Rodando ha llegado a su fin. Chan-Chan.

22 mayo 2010

Una perfecta y hermosa anomalía

- Two lovers - (James Gray, 2008)





Disfruté de Two lovers tras la visión unas horas antes de un capítulo de la serie Mad Men. No ha podida haber una mejor y más feliz coincidencia. Ni la película de James Gray ni la serie creada por Matthew Weiner aspiran a ser las obras más originales del mundo. Y ellas dos son unas auténticas obras maestras cada uno en su genero y especie. Porque son dos obras extrañas, sensibles y especiales que para ser degustadas necesitan que el espectador esté en un estado reposado y que sepa mirar. Mucho y bien. Por esas razones Two lovers ha tardado dos años en ser estrenada. Todo el mundo sabe que los gerifantes y mandamases (sea de la empresa que sea) destacan por su falta de sensibilidad, tacto y ceguera. Porque para captar la tristeza bella, inmensa y eterna, que tiene Two lovers se necesita quitarse las careta antes de entrar al cine. Ir a corazón abierto.

Un hombre (el mejor Joaquin Phoenix de su carrera) tiene que optar entre la coherencia y la razón (gran descubrimiento de Vinessa Shaw) y la obsesión y la pasión (excelente también Gwyneth Paltrow). Hasta aquí nada nuevo. Lo grandioso de Two lovers es como James Gray narra toda esta historia. Su principal objetivo es que empatizar con un personaje torturado y destrozado por dentro como es Leonard a pesar de sus acciones que, a veces, pueden ser contrarias con lo que haríamos nosotros. Pero Two lovers no va de sentimientos forzados, James Gray rueda la sensibilidad en su grado máximo. En resumen, Gray se acerca al amor puro como pocos creadores lo han hecho. El prodigioso estilo visual que James Gray utilizaba antes para rodar la violencia aquí lo emplea para definir el amor que es una cosa que no se sabe muy bien que es. Y todo sin subrayados ni emociones artificiales de más. La locura emocional de Leonard es algo con lo que cualquier persona nos podemos identificar.

Para hablar de la película Two lovers necesitaríamos crear otro blog aparte. Esas planos sinuosos y elegantes, esos primeros planos que se hacen cuando hay que hacerlos (algo que pocos saben hacer) y algunos momentos para nuestra memoria colectiva (los guantes en la playa, la despedida de Leonard y su madre...) ¿Two lovers es gran película? Decir que sí es muy simplista. La película de James Gray es otra cosa, juega en otra liga. Simplemente, Two lovers no es de este mundo.

Lo mejor: la mezcla de belleza y tristeza que inunda toda la película. Además de un soberbio Joaquin Phoenix

Lo peor: que una obra maestra tarde en estrenarse dos años significa que el mundo no va bien

. Two lovers, esto es la melancolía (Sergi Sánchez, Canal TCM)

"Es muy hermosa la manera en que Gray retrata el universo familiar del protagonista, tan acogedor como peligroso, hermético en sus códigos de protección y compromiso"

. El gran James Gray (Javier Ocaña, El País)

"Una visión del amor tan poco convencional que abre la posibilidad de que el conformismo del segundo plato no sea en realidad una visión fatalista de la existencia, sino una muestra de que se puede amar a dos personas a un tiempo"

. Vértigos (y desamores) persecutorios (José David Cáceres Tapia, Miradas de cine)

"Superados los miedos con esta premisa argumental (cada cual los suyos) y las dudas respecto al abandono del thriller como base genérica, Two Lovers se erige como una vuelta de tuerca (o puede que dos) a los temas y figuras de Gray, resuelto con la riqueza expositiva conocida y una gama de matices amplificada"

15 mayo 2010

Finales de cine: Los pájaros. Apocalypse now



El ruido es una de las cosas que más tensión produce en Los pájaros de Alfred Hitchcock. Los ataques de estos animales están perfectamente orquestados y resultan, a día de hoy, de una precisión técnica envidiable. Pero lo que da miedo es cuando los animales no están y sólo se les oye. En la parte final de Los pájaros hay un ataque a la casa donde se resguardan Tippi Hedren, Rod Taylor, Jessica Tandy y Veronica Cartwright. Prácticamente no se ve ningún pájaro y sólo se oyen el desagradable sonido de sus graznidos. Espeluznante. Y detrás de todo eso sólo podía estar la brillante mente de Bernard Hermann. Pero todo cambia en el final de la película. No hay ni ruido, no hay graznidos... con lo cual podríamos entender que el terror ha pasado. Y no es asi. Porque Hitchcock rueda simple y llanamente el fin del mundo. Porque en el fin del mundo no habrá ni gritos ni violencia, eso lo dejamos para los prolegómenos. El fin será un espeluznante desierto de silencio y soledad.

En el final de esta obra maestra brutal y metafórica ni se atrapa al villano ni el bueno se lleva la chica. El mal gana pero sin obviedades ni subrayados. Todo con tranquilidad y, como he dicho antes, silencio. La perversión de Hitchcock en el final es modélica. Los cuatro protagonistas pasean con movimientos pausados por un camino lleno de pájaros inmóviles pero con sed de sangre. Logran su primer objetivo, llegar al coche sanos y salvos. Después logran el segundo objetivo, lograr arrancar el coche e huir de la casa. Y ya no hay más información. Sólo un detalle, los graznidos vuelven a sonar. ¿Final feliz? Claro que sí, los protagonistas han logrado salvar la vida. Repetimos, ¿final feliz? Claro que no, porque Hedren, Taylor, Tandy y Cartwright sólo pueden estar felices de sobrevivir un día pero su final (como el de toda la humanidad) puede llegar cualquier día. Y el de todos. Porque Hitchcock no nos cuenta la historia en Los pájaros de unas personas que sobreviven al ataque de unas aves. Nos cuenta la historia de unos personajes que sobreviven unos días al fin del mundo. La esperanza se deja para otra película u otra historia .Aquí no tiene cabida.